El confort de un sofá no se mide por su aspecto ni por la prueba de 30 segundos en la tienda. Estos son los 5 criterios que realmente determinan si seguirás cómodo al cabo de 3 años.
1. La densidad de la espuma
La espuma HR35 (35 kg/m³, de alta resiliencia) conserva su forma entre 15 y 20 años. La espuma económica (18–22 kg/m³) se hunde de forma permanente al cabo de 2–3 años. Es el factor número uno de la comodidad duradera. Pregunta siempre por la densidad antes de comprar.
2. La profundidad del asiento
Un asiento de menos de 55 cm obliga a sentarse demasiado erguido. Más de 70 cm sin respaldo de apoyo y te deslizas hacia atrás. La profundidad ideal para la mayoría de los adultos: 60–68 cm. Si eres alto, puedes llegar hasta 72 cm.
3. La altura del asiento
La altura de asiento ideal es aquella en la que tus pies tocan el suelo de forma natural y tus caderas quedan ligeramente por encima de tus rodillas. Para la mayoría de los adultos: 44–48 cm. Un sofá de perfil bajo (37–40 cm) es adecuado si te gusta tumbarte; menos adecuado para personas mayores o con problemas articulares.
4. La calidad del respaldo
Un buen respaldo es firme en la base (para la zona lumbar) y más blando en la parte superior. No debe hundirse bajo tu peso. Pruébalo presionando con firmeza desde arriba: debe ofrecer resistencia, no ceder por completo.
5. El ancho de asiento por persona
Un mínimo de 55 cm por persona es el estándar; 60 cm resulta cómodo; 65–70 cm es generoso. Un sofá de 3 plazas anunciado con 180 cm = 60 cm por persona. Con 165 cm = 55 cm, correcto pero justo.
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